10 jul. 2015

Un tesoro en vasija de barro - 03




UN TESORO EN VASIJA DE BARRO

CARIDAD FRATERNA

“La caridad no acaba nunca” (1Cor 13,8).

La caridad, escribe Sor Ángela, es el barómetro de la santidad. Se trata de una caridad que nace del amor de Dios, que se difunde en nosotros y de nosotros salta a los hermanos. Y que queda defendida cuando el alma crece en el amor al sacrificio.


  • 157 ¡Bendita sea la caridad que tanto agrada a Dios! Esta virtud es enemiga del ocio y no puede ver las necesidades del prójimo sin socorrerlas.
  • 158 Para conservar la paz hay que tener mucha caridad fraterna, y estar dispuesta a sufrir con tal que los demás no sufran, padecer porque los demás no padezcan, sacrificarse por todas, echarlo todo a la mejor parte, creer que todas obran con buena intención y no hacerse malos juicios. Cada una sea el ángel de paz de la comunidad.
  • 159 Me parece que debo no sólo exhortarlas a la práctica de la caridad, sino escribirlo a todas las casas, para que amándola con toda nuestra alma pongamos mucho cuidado en no faltar; y para que avisadas del peligro, andemos con más cuidado para evitar hasta la más pequeña falta en este punto. Pues yo les digo a ustedes, que esta caridad que Dios nos pide es tan fina y delicada, que con la cosa más pequeña se empaña. Y se conoce, cuando se hace un examen escrupuloso sobre ella y vemos aquel gesto, aquella palabra, aquella importancia que nos dimos, aquellas explicaciones que hacemos de ciertas cosas sin necesidad y que todo viene a redundar en perjuicio de nuestros hermanos. Porque yo se lo digo por experiencia: “pocas veces se habla, que poco o mucho no faltemos a la caridad”.  

    Acabo diciendo: Caridad con nuestros prójimos, con nuestros hermanos; caridad en lo grande, caridad en lo pequeño; caridad nacida de la humildad para ver nuestras faltas y las virtudes de los demás. Caridad, que es lo que nos enseña nuestro Dios en el Calvario.
  • 160 Los que poseen una perfecta caridad la manifiestan aún en lo exterior, y de ordinario sus acciones exteriores dan testimonio del estado interior de su alma.
  • 161 No perdamos de vista tan santas lecciones como nos da nuestro Señor en la cruz con las siete palabras que tanto encierran. Muy particularmente, de la primera se desprende la caridad fraterna, porque si para aquellos que lo crucificaron no tuvo más que estas palabras: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”, ¿qué debemos tener para nuestras Hermanas, que si nos dan algo que sufrir todo es verdaderamente involuntario?
  • 162 ¡Qué hermosos son los resultados de la caridad! En una comunidad donde reina esta virtud se puede decir: ¿Falta algo? Y responder: Nada, porque está en ella el espíritu de Dios y sus miembros gozan de la verdadera felicidad, que no está en no sufrir sino en tener su voluntad unida a la de Dios y llevarse bien los hermanos unos con otros.
  • 163 No nos une en la religión los lazos de la familia, porque no somos parientes; no nos une la amistad, porque no nos conocíamos; ni la educación, porque la hemos recibido distinta unas de otras. ¿Qué nos une? La caridad de Cristo.
  • 164 Ámense mucho en Dios y por Dios para que reine en todas la verdadera cari-dad que todo lo sufre, todo lo calla, todo lo echa a la mejor parte, no viendo más que sus faltas y las virtudes en las demás. Y si algunas veces ven algunas faltas y hasta las advierten, pero lo hacen con tanta caridad y buen modo que parecen ángeles; y siempre disculpando, porque en el pecho que hay caridad no entra el que las cosas se puedan hacer con malicia.
  • 165 La caridad no desconfía de la enmienda del prójimo; antes al contrario, trabaja con constancia en la convicción que la gracia de Dios penetra hasta en los corazones más duros.
  • 166 ¡Qué hermosa es la caridad! Con ella nos unimos a Dios, y del mismo modo que es propiedad del fuego iluminar y calentar, así lo es de la caridad el comunicarse.
  • 167 Hacen falta almas humildes y caritativas que todo lo echen a la mejor parte, se unan en caridad para agradar a Dios que es todo caridad, y que sin esta virtud nada sirven las buenas cualidades de que estén adornadas.
  • 168 En todos nuestros hermanos debemos mirar la imagen de Dios venerando en ellos los destellos de la divinidad, excitando en nuestro interior un amor grande y desinteresado que nos haga sacrificarnos gozosas por su bien.
  • 169 Con la caridad se ganan muchas almas, pues no pueden resistir a la fuerza del buen ejemplo de los actos heroicos que practican las almas que la poseen con tanta naturalidad y alegría.
  • 170 Pidamos a nuestro Señor nos ilumine para escuchar su voz que nos dice: Caridad de día y de noche, caridad con los presentes y ausentes, caridad con las cosas pasadas, que no se toquen. Que nuestros labios no se despeguen más que para alabar a Dios y al prójimo.
  • 171 No hay mejor finura ni educación que la que nace de la caridad, porque podemos estar seguros que quien la posee en nada mortifica a su prójimo.
  • 172 Seguid fomentando más y más la caridad fraterna, que es lo más esencial en una comunidad para que adelante cada uno de sus miembros, y también para que en ésta haya paz, orden y bienestar.

    Los medios que les ayudarán mucho para fomentar la caridad fraterna: Primero, pensar bien de cada una de mis Hermanas. Segundo, sentir bien. Tercero, hablar bien. De estas tres cosas resultará que tendré un buen concepto de todas y cada una de ellas. Y teniendo un buen concepto, si mi Hermana comete delante de mí una imperfección, que no puedo disculpar la acción porque en sí es defectuosísima, disculparé la intención.
  • 173 Las personas a quienes nos sentimos poco inclinadas, han de ser cabalmente y con frecuencia, el objeto de nuestra dulzura y caridad.
  • 174 Tener una conciencia delicadísima para evitar las faltas de caridad y hasta lo que se roce con la virtud. Estar prontos para disculpar, para defender al que está ausente, levantar al caído, y lo que no quiero para mí no lo quiero tampoco para mi prójimo.
  • 175 Qué hermoso es ver una comunidad donde no hay ni un sí ni un no, que todas están unidas en un solo lazo: el amor de Dios. Que ninguna porfía y están siempre cediendo, alegrándose de que gane la compañera y ella salga perdiendo, porque se comprende que el perder humanamente, en la religión es ganar.
  • 176 La caridad tolera las faltas del prójimo, no se forma malos juicios, no se ofende porque la desprecien, se alegra de verse despreciada, porque así tienen ocasión de imitar a su buen Dios que por ella murió en el Calvario.
  • 177 ¿Quiero saber cómo estoy en la presencia de Dios? Como estoy en la caridad. Esta virtud es el barómetro de la santidad. Sin caridad, aunque haga milagros, aunque tenga el don de la oración y todos los dones de naturaleza y gracia, si me falta la caridad, la ciencia, talento y demás dotes son vanidad, es nada.
  • 178 Con la caridad reina la más perfecta paz. Animadas de una santa actividad se disputan el trabajo, y unas a otras no hacen más que decirse: Eso para mí, que no tengo qué hacer. Y de estas santas contiendas se aumenta el amor a Dios, el amor inflama nuestras almas y se encuentran con un bienestar inexplicable. Es la caridad, y donde la hay se sienten esos efectos.
  • 179 La caridad nos abre las puertas del cielo, pues nuestro Señor llamó benditos de su Padre a los que la practican.
  • 180 Dichosas las almas que se dedican a la caridad; pues hasta las cosas más pequeñas son recompensadas por Dios sobreabundantemente, en este mundo y en el otro.


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