22 nov. 2015

Revista Hermanas de la Cruz Nº 16


Ya se encuentra online la última revista de las Hermanas de la Cruz, número 16, que cubre los meses de octubre a diciembre de 2015.

Resaltamos las páginas 25 y siguientes dedicadas a la canonización de Santa María de la Purísima de la Cruz. En breve se lanzará un número especial de la revista destinada exclusivamente a la canonización.



¡Feliz lectura!

A continuación, el sumario:

SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ

1.  Editorial........................................(Página 3)
- Sin humildad no hay santidad.
2.  Perfil Espiritual de Santa Ángela................(Página 6)
-"La Voluntad de Dios, ante Todo y sobre Todo"
3.  Iconografía de Santa Ángela......................(Página 9) 
- Han pasado 10 años
4.  Me gusta contarte cosas..........................(Página 11)
- Santa Ángela, Madre de Santas
5.  Sor Ángela de la Cruz, cartas a..................(Página 14)
- Las familias.
6.  Hablemos de ella.................................(Página 16)
- Sor Ángela, el Evangelio, la Cruz y el mundo
-¡Ya la tenemos entre nosotros! Inauguración de la imagen
de Santa Ángela en Fuentes de Andalucía.
7.  Testimonios......................................(Página 22)
- ¡A ti, Santa Ángela de la Cruz!.
- Favor recibido
8.  Santa María de la Purísima de la Cruz............(Página 22)
- En Madrid nació, en Sevilla murió, en la ciudad
del Vaticano la han santificado y en el Cielo...vive.




18 oct. 2015

Santa María de la Purísima de la Cruz.

 

La Plaza de San Pedro tiene este domingo acento español y muy sevillano. Y el color de los ásperos sayales de las Hermanas de la Cruz, arropadas por más de 6.000 devotos llegados desde Sevilla, a los que se unen otros varios centenares de otros lugares de España, para celebrar en el corazón de Iglesia católica la subida oficial a los altares de Madre María de la Purísima, retratada en el estandarte de 4,50 metros de alto, realizado a partir de la fotografía de Hareton en la que aparecía con el Papa Juan Pablo II en 1982, por expresa decisión de la religiosas.

María de la Purísima de la Cruz ya es Santa oficial

«Discernimos», ha dicho el Papa Francisco tras escuchar la petición del cardenal prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Ángelo Amato. En ese momento la alegría se ha desbordado y ha recorrido la plaza, donde han podido verse banderas española y azul celeste con la imagen de la nueva santa.



En la ceremonia, junto al postulador, el capuchino fray Alfonso Ramírez Peralbo, han estado el vicario general de la Archidiócesis, deán de la Catedral y vicepostulador, Teodoro León, y la madre general de las Hermanas de la Cruz, sor Reyes María de la Cruz.

También han sido hermanas de la Cruz las ministrantes que han intervenido en la ceremonia en la procesión en la que una de ellas ha portado un relicario con reliquias de Madre María de la Purísima, que quedará en el Vaticano; mientras otras han llevado velas o flores. La Lectura y la petición (preghiera dei fedei) también han sido hechas por las religiosas del Instituto.

Las ofrendas han sido portadas por los sobrinos de Madre María de la Purísima: Olga y Guillermo Salvat Ojembarrena y sus esposos, Mario Cervigón Fernández y Arancha Prados.

En la misma ceremonia han sido canonizados el sacerdote italiano Vincenzo Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio; y Luis y Celia Guerin, padres de la carmelita descalza Santa Teresita de Lisieux.


(Estandarte con el retrato de Santa María de la Purísima de la Cruz)


(El Papa Francisco en dos momentos de la ceremonia)

(Estandarte con la imagen de Santa María de la Purísima de la Cruz)

(Estampa de Santa María de la Purísima de la Cruz)




(Fuente: ABC Sevilla)

En directo, la ceremonia de canonización

17 oct. 2015

Ceremonia de Canonización de Madre María de la Purísima



I. Antes de la Canonización, en Sevilla
• Los días 12, 13 y 14 de octubre 2015 habrá Vísperas solemnes a las 19,00 horas en el Convento de las Hermanas de la Cruz.

II. Antes de la Canonización en Roma
• El 17 de octubre de 2015. Celebración de la Misa del Peregrino en la Parroquia de las Hermanas de la Cruz en Roma “Chiesa Nuova”, Via del Governo Vecchio, núm. 
134, a las 18,30 horas.

III. Canonización en Roma
• El 18 de octubre 2015 en la Plaza de San Pedro tendrá lugar el acto solemne de la Canonización de Madre María de la Purísima de la Cruz a las 10,00 horas.

A tener en cuenta:

Hay que recordar que a la ceremonia de la plaza de San Pedro no se puede acceder sin entrada. Las personas que vayan a la ceremonia y no dispongan de entradas, podrán retirarla, la tarde anterior a la canonización, en el Portón de Bronce, situado en la parte derecha del columnado. Allí, los guardias suizos disponen de cantidades de entradas que sólo se pueden retirar la tarde anterior, o sea el día 17, en el arco horario de las 3 a las 8 de la tarde, basta pedirles el número que se desee: 10, 15, 20... 

Conviene tener en cuenta que las entradas no van numeradas, por consiguiente, quienes lleguen primero ocuparán los primeros puestos.

En la ceremonia pueden concelebrar cuantos cardenales, obispos y sacerdotes que lo deseen. Los sacerdotes deben llevar alga y estola e irán situados en un apartado, preparado para ellos, de entre los que se dividen los asientos de la plaza.

El Postulador pedirá entradas sólo para los grupos de sacerdotes que vayan a concelebrar y también para los peregrinos que se hayan inscrito como grupo a través de este número de teléfono de la Casa General de las HH. de la Cruz en Sevilla, 

Teléfono 954 22 57 88 
o a través de este correo electrónico: procesomadrepurisima@hotmail.com 

donde podrán inscribirse dando el nombre o dirección del responsable de dicho grupo. 

Los grupos de peregrinos deberán comunicar a este teléfono o a ese correo el número de personas que lo forman y un responsable de grupo para hacerle llegar las entradas; lo mismo vale para el grupo de sacerdotes de una diócesis, dar el nombre de una persona responsable y al obispado se les harán llegar las entradas solicitadas; el plazo de esta inscripción de grupos finaliza el 1 de septiembre. 

IV. Después de la Canonización en Roma
• El 19 de octubre de 2015, tendremos Misa Solemne en acción de gracias por la Canonización de Santa María de la Purísima de la Cruz en la Basílica de Santa María la Mayor a las 16,00 horas.
 Los sacerdotes que deseen concelebrar deberán llevar alba y estola.

V. Después de la Canonización, en la Catedral de Sevilla
• Los días 28, 29 y 30 de octubre de 2015, habrá un Triduo en honor a Santa María de la Purísima en la Catedral, a las 20,00 horas.
 • El 31 de octubre de 2015. Misa Solemne en acción de gracias por la canonización de Santa María de la Purísima en la Catedral a las 20,00 horas.


29 ago. 2015

Epistolario personal de Santa Ángela de la Cruz - 04


86
UN REGALO PARA 
EL DOS DE AGOSTO

1. Conocer la pasión dominante.− 2. Medios para conocerla.− 3. En el conocimiento propio está la solidez espiritual.

Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo
1 julio 1912

Mis muy queridas hijas en Dios nuestro Señor:
Esta la escribo para despedirme de Sus Caridades hasta que pase el 2 de agosto, porque tengo que ocuparme de las otras casas.

1. Como todas desean obsequiarme para ese día, les voy a decir cómo han de preparar el regalo y el de más gusto para mí. Y es, en la linda batea del conocimiento propio poner vuestra manera de ser y desprenderse de ella tan completamente que nunca más vuelvan a tomarla; si no hacer un cambio: a mí me regalan la suya para yo presentársela a nuestro Señor, y Sus Caridades toman la del Instituto.
Y pueden preparar este regalo estudiando en la presencia de Dios cuál es su pasión dominante, porque ésta es la que sostiene nuestra manera de ser. Y les será muy fácil conocerla por las faltas diarias y frecuentes, por el testimonio de su conciencia que les dirá: Esas faltas nacen del árbol de esa pasión que ha echado raíces en tu interior.
Si de veras queremos conocer la pasión que nos domina y se lo pedimos a Dios, la conoceremos con la ayuda de su gracia, y entonces nuestra enmienda sería positiva. Porque lo que nos suele pasar es que no sabemos cuál es la pasión dominante y no destruimos el mayor de nuestros enemigos; nos vamos a los otros y se nos queda ése sin tocarlo en nuestros propósitos. O más bien dicho, en los Ejercicios y días de retiro cortamos ramas, pero dejamos el tronco y muy pronto vuelven a retoñar las malas hierbas.
Cuando demos con ese enemigo tenemos que tener mucho cuidado, porque es como los gatos, se ha aficionado tanto a nosotras que lo echamos por una puerta y se entra por otra. Y deben estar muy avisadas para no darle entrada, aunque venga disfrazado tomando distintas formas; pero nacen de lo mismo, de las faltas de la pasión dominante.

2. Si como espero de la que les escribí después de mi enfermedad, se han afirmado más en su vocación, se han unido más a su Instituto, a las Superioras y Hermanas: no queriendo otro alimento para su alma que el que le condimenta la santa Regla; ni otra savia para crecer en las virtudes, que como flores espirituales se esparza su aroma en toda la Compañía, que la savia de la humillación como el más bello distintivo de la Hermana de la Cruz. Si no queremos más que eso y hemos sacado ese fruto de aquella carta, entonces no hay duda podrán presentarme el regalo.
Pues la que tiene verdadera vocación, además de los medios que les he indicado tiene otros medios muy eficaces para conocer su pasión dominante, como es: la caridad espiritual, que las Hermanas nos conocen más que nosotras mismas; las amonestaciones y advertencias de la Superiora, de las que están de mayor en los oficios; hasta las quejas de los seglares y las alabanzas nos sirven para conocernos. Y cuando se tiene vocación, como lo que se desea es perfeccionarse, de estos medios que hay en la religión se aprovechan para ponerlos en práctica.

3. Para consuelo de Sus Caridades les digo, que no está tanto la perfección en no cometer faltas como en conocerlas. Porque está tan unida nuestra naturaleza al espíritu y somos tan débiles, aunque practiquemos la virtud con gusto; pero como todas tienen distintas manifestaciones, cuando no es una cosa faltamos a otra, que por eso se suele decir : «No hay virtud sin defecto»; y no es que está en la virtud sino en quienes la practican. Pero si al cometer la falta la reconoce y la repara, se dice es un alma sólida. Pero si no la conoce y se justifica, y quiere que aquel defecto pase por virtud, se dice es un alma buena, pero no tiene solidez porque no se conoce y no repara las faltas.
Está probado que sólo en el conocimiento propio está el adelanto en la vida espiritual.
Mucho las quiere y bendice en los Sagrados Corazones, vuestra pobre Madre


Sor Ángela


BOSQUEJO BIOGRÁFICO DE SOR ÁNGELA - CAPÍTULO 04


CAPITULO IV

[1.] Extraordinaria influencia que ejerce en el alma de la joven Ángela, la dirección del Padre Torres.- [2.] Rasgos de su caridad.- [3.] Divina vocación.- [4.] Noviciado en las Hermanas de la Caridad .- [5.] Su vuelta al mundo.- [6.] El Padre Torres en Roma.

[1. Extraordinaria influencia que ejerce en el alma de la joven Ángela, la dirección del Padre Torres]
La maestra del taller donde trabajaba la joven Angelita, conociendo bien el magnánimo corazón del Padre Torres; sabiendo que en su estimación los pobres y humildes eran preferidos a los ricos y soberbios, y que no perdonaba trabajos ni sacrificios cuando de por medio estaba la gloria de Dios y el bien del prójimo, se ofreció como ya hemos dicho, a presentarla al Padre; lo que se llevó a efecto con gran consuelo del alma de nuestra piadosa joven. 
Por su parte, el P. Torres conoció al punto el valor de aquella alma que el Señor ponía en su camino y se aplicó a dirigirla con el entusiasmo propio de su ardiente celo sacerdotal. 
Como recuerdo de este tiempo contó ella a sus hijas, que la primera vez que se confesó con el Padre, le preguntó éste: 
«¿A qué enemigo del alma tienes que temerle más?, y que ella contestó muy rápida: “Al demonio”. Mas el Padre le dijo: No;... al mundo...: ese es el más formidable enemigo. “Al mundo” le repitió con voz muy fuerte». 
Y la Hermana Pilar, ya nombrada como aprendiza de Angelita en el mismo taller, decía, refiriéndose también a estos tiempos, que su oficiala pedía siempre los ojales y trabajos más entretenidos, y que por lo mismo rehusaban las demás. Ella se impacientaba diciéndole: «No pida usted ojales, que ganamos muy poco dinero y a mi madre le hace mucha falta». «-Y tú ¿qué quieres ser?», le decía Angelita con dulzura. -«Yo no quiero nada, sino ganarle a mi madre mucho dinero». Angelita, al verla tan deseosa de ganar, se propuso conquistarla para que agenciara ganancias celestiales, consiguiendo del despejado entendimiento de aquélla una victoria completa. 
La invitó a que la acompañase un día que ella iba a confesar con el Padre Torres, y excusándose con que no tenía velo, le prestó ella uno; la presentó al Padre y éste quedó agradablemente impresionado de la vivacidad y disposición de la muchacha, aumentando su favorable impresión al confesarla y apreciar mejor la sencillez y bondad de su alma. Desde este día, no quería separarse nunca de Angelita: la acompañaba a todas partes y sintió mucho su ingreso en las Hermanas de la Caridad. Este hecho pone  de relieve  su celo por la salvación y santificación de las almas.

[2. Rasgos de su caridad]
El Padre Torres dirigía a nuestra Angelita con exquisita prudencia, moderando los excesos de su fervor y su sed de mortificación y penitencia; pero en lo relativo a las obras de caridad y celo, le dejaba libertad de acción y la impulsaba a su ejercicio, proporcionándole él mismo abundantes limosnas, para que pudiera extender su influencia a mayor número de enfermos y desvalidos. 
Visitábalos, y con el ejemplo de sus virtudes y el atractivo de una caridad dulce y paciente, ejercía tal ascendiente sobre sus pobres favorecidos, que les ganaba el corazón, y ya en este terreno desplegaba las armas de su principal objeto, que era atender a las necesidades espirituales por medio de la ayuda material; llegar a las almas, mediante el socorro de los cuerpos. Hablábales del amor paternal de Dios, de cómo desea la salvación de todas sus criaturas, de su predilección por los pobres. Y aquellas almas, hundidas en los abismos de la impiedad o del vicio, que quizá no habían gozado nunca de los inefables consuelos que proporciona nuestra santa fe, se rendían a cuanto deseaba la joven Ángela, siendo muy numerosas las que debieron la salvación a su abnegado y ardiente celo.

[«Llevó las delicadezas de su caridad al extremo»]
Impulsada por sus nobles sentimientos, fomentados por el P. Torres y ayudada de su maestra, que le dejaba todo el tiempo necesario para sus caritativas empresas, llevó las delicadezas de su caridad al extremo de realizar en favor de los pobres actos verdaderamente heroicos. Entre ellos, el más notable de que se conserva recuerdo, quizás sea el realizado en favor de una pobre enferma, que a causa de no haberle extraído a tiempo la leche corrompida, sufría vivísimos dolores, producidos por una grande y repugnante llaga que se le formó en el pecho. No teniendo alivio con los diversos remedios aplicados por los médicos, juzgaron éstos indispensable hacerle una dolorosa operación, a cuya noticia fue tal la desolación y angustia de la pobre mujer que no hallaba consuelo.
Mucho se esforzó nuestra joven por animar su espíritu con prudentes y caritativas reflexiones; pero viendo que todo era inútil, compadecida de aquel sufrimiento moral, más que de la enfermedad misma, tuvo uno de esos arranques que solo la caridad puede inspirar y que admiramos en la vida de algunos santos: Acercóse a la enferma con pretexto de lavarle y curarle la repugnante llaga, y terminada esta operación, aplicó a ella intrépidamente sus labios, y haciendo succión extrajo gran parte de la pestilente y corrompida materia que contenía . 
Estupefacta la pobre mujer, aunque notando un sorprendente alivio, se opuso vivamente a que la joven repitiese su heroísmo, temiendo perjudicar a su piadosa bienhechora, mas triunfando la porfiada y generosa abnegación de ésta, dejóla terminar su obra. Nuestro Señor bendijo el santo arranque y generoso procedimiento curativo, de tal modo que la enferma recobró la salud en brevísimo plazo y los médicos no supieron qué admirar más; si la rápida curación de la paciente, o la sublime caridad de la muchachita.
La mujer, no haciendo caso de las vivas instancias que Ángela le hizo para que el suceso quedase oculto, publicólo sin reserva, lo que dio margen a la general admiración y fue ocasión además de acaloradas discusiones: Unos aplaudían la heroica acción sin reserva; otros la tachaban de imprudente temeridad, que podía haber costado la vida a la fervorosa joven, juzgando más razonable que la enferma se hubiera sometido a la operación indicada por los médicos. Claro está que mirada la cuestión humanamente tenían razón los que así pensaban. Y que los temores de contagio no eran infundados lo demostró la experiencia, pues a nuestra Ángela se le llenó la boca de pequeñas llagas, constituyendo una enfermedad bastante penosa, que a veces le impedía tomar alimento, y que le duró la mayor parte de su vida . Pero, ¿y los fines sobrenaturales que  ella perseguía? Sufrir por su Dios, darle gloria, ganarle almas.
Los conocidos de la joven, al tener noticia de lo ocurrido, acudieron en recurso de queja al P. Torres, para que con su autoridad reprimiese estos excesos; pero el santo sacerdote, sin dar importancia al hecho, se limitó a decir sencillamente: «Ya le he dicho que hizo mal; debió tomar precauciones para que no le perjudicase su caritativo celo. Ya lo tendrá en cuenta si se le presenta otro caso análogo». Digna respuesta del que, próximamente a la misma edad (unos diez y ocho años) acabó de estropear su delicado estómago por vencer la repugnancia que le costaba tomar los alimentos preparados por la tan aficionada al rapé cuanto desaseada vieja que le servía, en aquellos sus tiempos heroicos de estudiante, en la Universidad de La Laguna. También él obró entonces sobrenaturalmente y sin prudencia humana; sufrió por Dios y se mortificó en silencio.

[3. Divina vocación]
Ocupaba nuestra virtuosa joven el día entre la oración, el trabajo en el taller y sus ejercicios de caridad, en los cuales sentía su alma inundada de celestiales alegrías. 
Pronto comenzó ella a notar un particular disgusto por todo lo terreno y un algo dulce y misterioso en su alma que ella no sabía definir, pero que a veces creía ser señales de llamamiento divino al estado religioso. Dio cuenta al Padre Torres de sus sentires y sus anhelos; díjole que deseaba consagrarse a Nuestro Señor, si lo que sentía era verdaderamente vocación religiosa y que le parecía más apropósito para ella solicitar ingreso como lega, porque esperaba encontrar en esta forma mayores medios de santificación; mas era también porque en su humildad se creía inhábil para otra cosa.
El P. Torres, sin aprobar del todo su proyecto, dióle no obstante una recomendación para las Car¬melitas Teresas, que a la sazón necesitaban una lega. Era entonces el mes de Septiembre de 1865, según se deduce de una carta de Sor Ángela a unas amigas, que residían en Marchena . Es el documento autógrafo más antiguo que se conserva en el archivo de la Casa Matriz, por lo cual vamos a copiarlo casi íntegro. Dice así: 
«Sevilla, 24 de Septiembre de 1865.
Apreciables amigas: Me alegraré se hallen buenas y también toda su familia. Nosotras, gracias a Dios estamos buenas, pero con algún disgusto por estar amenazada esta ciudad del cólera, ya no hay tanto; Dios nuestro Señor nos ha mirado con misericordia.
Le suplico a ustedes pidan a Dios me conceda, si me conviene, que entre en el convento; estoy en vísperas de entrar, pero como soy endeble y para legas se necesitan fuertes, no sé si me lo conseguirá Dios. Sea lo que Dios quiera; de allí les escribiré si tengo lugar.
Recibid los afectos de estas sus amigas que las aprecian y desean servirlas; y reciban los míos, que les deseo su eterno bien.- Ángela Guerrero».
Una de las amigas a quienes se dirige en esta carta, se llamaba Dolores Clamajírand, la cual prosiguió hasta su muerte la buena amistad que a nuestra Madre la unía. Estimábanse mucho ambas familias y la de Marchena pasó casi un año en Sevilla, habitando en la misma casa de Angelita, durante el cual tuvieron ocasión de apreciar las excepcionales virtudes que la adornaban. 
Una sobrina carnal de la citada amiga, nos ha contado haberle oído referir innumerables veces a su tía, que Angelita asistía por entonces al taller y que los domingos tenía permiso para hacer escapularios, los cuales confeccionaba con mucho primor, y con el producto de este trabajo, hacía limosnas a los pobres enfermos que visitaba. También dice que iban juntas los domingos por la tarde a oír las conferencias espirituales que daba el P. Tejero  y que fueron a ver las cofradías de aquella Semana Santa, disfrutando grandemente por el camino, escuchando a Angelita, que con un fervor y gracia particular le hablaba de Nuestro Señor. 
Vueltos a Marchena se escribían alguna que otra vez, conservándose una carta fechada en noviembre del año 72, en la que les habla de la aflicción que habían pasado por enfermedad de un hermano, llamado Luis, al cual nombra. Se advierten ya los primeros aleteos de su espíritu gigante en estas palabras: 
«…Pero, querida amiga, Dios permite estas cosas para nuestro bien, y dichosas de nosotras si sabemos aprovecharnos, como así lo habrán Vdes. hecho; pero muy en particular V. que no deseando otra cosa que agradar a Dios, se habrá aprovechado bastante en esta ocasión, para ofrecerle flores de verdadera virtud, todas con el perfume de la voluntad de Dios. ¡Oh dichosas ocasiones en que tanto se puede adelantar en la perfección! […]. 
Y refriéndose al enfermo dice: 
«Cuando supe que estaba malo, no pensé otra cosa otra cosa, sino que Dios lo permitía así para hacerlo un santo; con que, que lo haga así. 
Y no molestándola más, dará los afectos de mi madre y míos a la suya y a Luis, y V. reciba el cariño que le profesa su hermana en Jesucristo, María de los Ángeles Guerrero ».
Es esta una de las raras veces en que se firma «María de los Ángeles ». Más tarde volvió esta familia a Sevilla, donde se instaló definitivamente. Las Hermanas asistieron a «Dolorcita», como Madre la llamaba, en su última enfermedad, y ésta les entregó antes de morir las dos cartas de que hemos hecho referencia.

[Intenta entrar en el Carmelo]
Volvamos a su proyectado ingreso en las Carmelitas. Acompañada de su hermana Joaquina, a la cual había revelado su secreto, se dirigió al convento  con grandes deseos de consagrarse a Dios en una Orden tan observante; pero vio defraudadas sus esperanzas, pues las religiosas, aunque reconociendo y estimando el mérito de la joven postulante, (tenía entonces diez y nueve años) creyeron imprudente recibirla como lega, a causa de su fina y delicada complexión; pensando que no tendría fuerzas para soportar los rudos trabajos físicos que ordinariamente han de ejercitar estas religiosas.
Completamente desconcertada la fervorosa joven y llena de amargo desconsuelo, volvió al P. Torres, que sin duda esperaba este resultado, pues no le sorprendió lo más mínimo y la consoló haciéndole creer que la divina misericordia le proporcionaría medios de santificación más meritorios.

[Transcurren los años 1865 - 1868]
Una terrible epidemia de cólera que azotó a Sevilla en el año 1865, hizo ostensibles al P. Torres la falta de instrucción religiosa y el lamentable estado en que yacían los pobres en los corrales de vecindad, y esto le sugirió las primeras ideas sobre la gran obra de su vida; aunque de momento, quedó su corazón lleno de pena por no tener aún medios de remediar tantos males. 
El 7 de enero de 1866 pronunció el hermoso discurso de apertura del Seminario, (retrasada aquel año a causa de la epidemia del cólera) que fue muy aplaudido y continuó explicando las asignaturas de que estaba encargado, con infatigable celo. El ilustre Sr. D. Modesto Abín, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, en unos apuntes biográficos dedicados a enaltecer su memoria, (de los cuales hemos tomado muchos de los datos que ilustran este capítulo), dice así, recordando al P. Torres como Catedrático: 
«Aún nos parece verle, sentado en su cátedra del Seminario; el cuerpo enjuto, consumido por los rigores de la mortificación, las incesantes tareas de su ministerio y el padecimiento crónico que le aquejaba; el rostro serio, reflexivo, pero atrayente, por la dulzura de su mirada franca, sincera, vivamente expresiva de la penetración de su ingenio y de la nobleza de sentimientos de aquel corazón que no latía sino a impulsos del amor de Dios y del prójimo.
Sus alumnos le amaban entrañablemente; desde que oían sus primeras explicaciones eran arrastrados por la afabilidad de su trato, por la forma clara y persuasiva de su enseñanza y por algo que vale mucho más: (aquí hace una reseña y elogio de sus heroicas virtudes) por todo eso, además de amarle como maestro le venerábamos como a santo».
En 1868 pasó a vivir a la calle de la Bolsa, feligresía de San Pedro, en compañía de su íntimo amigo el ejemplar sacerdote D. José Antonio Ortiz Urruela , donde en vez de descansar de sus tareas, se entregaban ambos a la penitencia más austera, habiendo ocasiones en que les faltó hasta lo más preciso, porque los pobres habían agotado sus recursos. 
El P. Torres, que hasta aquí dijo Misa y tenía su confesionario en Santa Paula, se trasladó ahora a la iglesia del convento de Santa Inés , más próxima a su nuevo domicilio. En estos turbulentos días de la revolución del 68 , cuentan que los revolucionarios obligaban a poner una piedra en las barricadas a todos los transeúntes, y nuestro P. Torres, que nunca dejó de usar sus hábitos sacerdotales ni de ejercer por temor sus ministerios, alguna vez hubo de ponerla al pasar por la calle D.a María Coronel en dirección a Santa Inés. 
La joven Angelita, también tenía que recorrer las calles para ir a su taller de la calle Huevo, y al verla venir los revolucionarios, notaban en ella un algo tan especial, que se decían unos a otros: «Dejad pasar a esa joven», y le cedían el paso respetuosamente, sin obligarla a poner piedras en la barricada. 
A esta época también, debe referirse un hecho contado por la maestra del taller, que revela la extraordinaria humildad del P. Torres y su celo en la dirección del alma de Angelita. Cierta mañana había estado ella en la Catedral y en Santa Paula buscando a su Director para comunicarle algo de interés; mas viendo que llegaba la hora del trabajo, se fue resignada, aunque con alguna contrariedad por el natural convencimiento de que ya no podría verlo. A eso de las once, no sabemos si por sobrenatural impulso, o porque alguien le hubiese advertido que la joven lo buscaba, se presentó en el taller el Padre, que le dijo sencillamente: «Angelita ¿tenías algo que decirme?, ¿para qué me buscabas?», quedando ella admirada y más confirmada en el concepto de santidad que de él tenía.

[4. Noviciado en las Hijas de la Caridad]
Urgiéndole nuestra joven sus deseos de consagrarse a Dios, parecióle al P. Torres que la ardiente y fervorosa caridad de Angelita eran pruebas inequívocas de que Dios la llamaba a su servicio en un Instituto de vida activa, y pensando que en las Hijas de la Caridad hallaría campo adecuado para realizar sus deseos, le aconsejó fuese a ver a la Superiora del Hospital Central, muy conocida y estimada por el Padre. 
Obedeció ella, aunque con un ligero temor de ser nuevamente rechazada; mas la Superiora la recibió con suma benevolencia y después de conferenciar largamente, no sólo aprobó su proyecto, sino que la admitió y animó a ingresar cuanto antes. 
Comunicó gozosísima al P. Torres el resultado de la entrevista, y pareciéndole a éste que no debía aplazar la ejecución de sus designios, él mismo quiso ayudarle, comunicándolo a la madre de Angelita, e influyendo para que otorgase su permiso. Costóle mucho sacrificio, pues no obstante su mucha piedad, amaba a esta hija con predilección, y el pensamiento de separarse de ella, la llenaba de amargo desconsuelo; mas al fin como buena y cristiana madre, rindióse a las súplicas de su hija y a los santos y prudentes consejos del Padre Torres, no queriendo oponerse a la voluntad de Dios.
[Aparecen los primeros síntomas de su enfermedad]
Allanada esta pequeña dificultad de la natural resistencia materna, ingresó como postulante en el Hospital, con objeto de empezar la primera prueba. Era el año 69 y tenía Angelita veinte y tres años.
Terminado el postulantado con edificación general pasó al noviciado, donde fue recibida con singular estimación, por los brillantes informes que de ella tenían, y por su ejemplar conducta, sin duda alguna, le concedieron el santo Hábito; pues padecía una tenaz enfermedad que le producía frecuentes vómitos y que empezaba a preocupar a sus Superiores.
En el Noviciado llama la atención su fervor extraordinario, siendo ejemplar de virtudes para sus compañeras y el consuelo de la Superiora que cifraba en ella risueñas esperanzas; pero yendo en aumento la penosa enfermedad y notando que se desmejoraba notablemente, resolvieron trasladarla a Cuenca , para ver si mejoraba con el cambio de clima. 
Interesóse vivamente la Superiora de aquella casa por la fervorosa novicia, no perdonando medio para devolverle la salud; pero la enfermedad no cedía. Entonces la trasladaron a Valencia, donde como en Cuenca se captó el afecto de la comunidad por su amable y extraordinaria virtud, haciendo todas esfuerzos para conseguir su curación; mas se estrellaron todos los recursos de la caridad y de la ciencia. 
En carta escrita por Sor Ángela en julio del año 1884, a sus hijas, las Hermanas Ángeles y Adelaida de Jesús, que estaban postulando en Valencia, encontramos este párrafo alusivo al tiempo que allí pasó siendo novicia de las Hermanas de la Caridad: 
«Si van al Asilo del Marqués de Campo y está todavía Sor Pilar de Superiora, le dan mis recuerdos. Quizás ya no se acuerde de mí... Esa Superiora me cuidó mucho y yo le di que hacer bastante ».
Las Hermanas contaron al volver del viaje que la Superiora la recordaba mucho, que les hizo grandes elogios de sus virtudes, particularmente de su humildad y delicada observancia; y que les manifestó lo que ellas la habían sentido y cuánto se habían alegrado después, de que Nuestro Señor la hubiese escogido para una obra tan grande como la fundación de la Compañía.
Deseosos los Superiores de conservar en su Congregación una criatura de tan superior mérito, hicieron la última prueba, el esfuerzo final, y la enviaron a la Casa Cuna de Sevilla, a ver si recobraba la salud con el clima y ambiente del país natal. La Superiora de esta Casa, que la conocía y estimaba mucho, hizo esfuerzos increíbles, secundando el plan de los médicos, para poder retenerla, pero todo fue inútil; la enfermedad avanzaba implacable, siendo ya tan repetidos los vómitos que le impedían retener ningún alimento. Era especial el afecto que todas le profesaban. Una de las compañeras se llevaba una pequeña palangana al refectorio, a ver si después que devolviese un poco, podía seguir tomando alimento; más, ¿qué pueden los recursos humanos frente a los planes de Dios? 
Comprendiendo los Superiores que no era voluntad divina su permanencia en la Congregación se lo notificaron a la interesada, que recibió la noticia con el corazón oprimido de intensa pena mas con la resignación y el interior consuelo de ser esta la divina voluntad. El día de la salida hubieron de separar para que no la viesen, a las novicias y demás Hermanas, por el extremado sentimiento que mostraban al perder aquella compañera que tanto las había edificado.
No hemos podido adquirir más noticias relativas a su permanencia con las Hijas de la Caridad; pero el hecho de interesarse los Superiores por una novicia, de tal manera que apelasen a recursos tan extraordinarios como suponen los cambios de localidades que le proporcionaron, demuestra que por entonces era nuestra Ángela un modelo de perfectas y cristianas virtudes. 

[Algunos recuerdos del Noviciado en las Hijas de la Caridad]
Muchos años después de fundado el Instituto, recuerdan las Hermanas haberle oído contar el siguiente detalle, relativo al tiempo de aquel su noviciado. Cierto día la mandaron asistir con los párvulos a un acto piadoso, con exposición de su Divina Majestad. Los chiquillos, cansados del largo ejercicio y abusando de la paciencia y poca resolución de la joven novicia, se sentaron en el suelo, se quitaron los zapatos y calcetines, e hicieron mil travesuras. Al darse ella cuenta del espectáculo abochornóse del indisciplinado aspecto de los chicos, pero doliéndole más que todo la irreverencia que hacían a la real presencia de Jesús Sacramentado, irguióse indignada y resuelta y al llegar con ellos al refectorio les dice dando un golpe en la mesa: «Esta noche se acuestan todos sin cenar» Sorprendidos de su desacostumbrada actitud, desde aquel momento la obe¬decieron y respetaron. Hecho demostrativo del devoto recogimiento y profundo respeto que le merecía la Casa del Señor.
También contó en otra ocasión en que recomendaba a sus hijas la paciencia y el no inutilizar a las Hermanas, volviendo atrás todo lo que hacían, que en su noviciado tuvo ella que ofrecer a Nuestro Señor la continua censura de una Hermana, que si ella quería hacer las cosas con esmero, le decía que echaba mucho tiempo, que no tenía disposición; y si por darle gusto aligeraba, ponía de relieve que no estaba bien hecho.
La breve permanencia de Sor Ángela entre las Hijas de la Caridad no fue inútil para ella, pues se ejercitó en la vida de sacrificio que supone estar en comunidad; se puso en íntimo contacto con el dolor, practicando de lleno aquella caridad sublime y heroica que demostrará luego, toda su vida, al servicio de los enfermos. 
Y finalmente, así como cuando soñara con ser Carmelita ponía como principal fundamento de la vida religiosa la oración, aprende ahora el ejercicio de la vida activa junto a las hijas de S. Vicente de Paul; confesando ella misma más tarde a las suyas, las Hermanas de la Cruz, que algunos detalles prácticos de orden, administración y gobierno que luego implantó en su Instituto, los aprendió de aquellas beneméritas religiosas.

[5. El Padre Torres en Roma]
La reputación científica y la fama de los extraordinarios méritos del P. Torres había llegado hasta la capital del Orbe católico, y al anunciarse la celebración del Concilio Vaticano, se supo en Sevilla con general satisfacción que Su Santidad Pio IX  lo había nombrado Consultor Pontificio de aquella augusta Asamblea, en cuya consecuencia hubo de acompañar en su viaje a Roma, entre los demás consultores, al Emmo. Cardenal Arzobispo de Sevilla, Sr. D. Luis de la Lastra y Cuesta . 
Seis comisiones fueron designadas por el Papa para el estudio de las materias que habían de presentarse al examen y deliberación del Concilio; cada una era presidida por un Cardenal, y la reunión de todos los presidentes constituía la Comisión Directiva. Para formar las comisiones se procuró elegir con el carácter de consultores a verdaderas eminencias científicas de universal reputación, como convenía a la gravedad de las materias que habían de tratarse. 
Así, en la crónica de dicho Concilio, publicada en el Boletín de esta Diócesis en su número 17 de diciembre de 1869, figuran nombres tan ilustres como los de Perrone, Franzelini, Lucidi, Hettinger, De Angelis, Tarquini, Hergenrother, Simeoni, Jacobini, Gay, Alzog y otros personajes de primera fila en el mundo del saber. Al lado de estas eminencias extranjeras figuraban los nombres de cuatro presbíteros muy conocidos del clero sevillano. Guisasola, Arcipreste de nuestra Catedral, y más tarde Arzobispo de Santiago; Campelo, profesor de Química en la universidad literaria; Ortiz Urruela, tan sabio como santo, y el Catedrático del Seminario Hispalense Sr. Torres Padilla, nombrado para la co¬misión de Disciplina Eclesiástica. 
Este, al tener noticia del nombramiento, exclama con su profunda humildad: « ¿Cómo voy a ir yo a Roma, entre aquellos grandes teólogos, Obispos, Arzobispos, Cardenales de todo el mundo; yo que apenas se leer el Latín? 
La misma humildad le hace expresarse en los siguientes términos en carta dirigida desde la Ciudad Eterna al P. José Pérez, Provincial de la Orden de Trinitarios: «Sr. D. José: ¡Qué teologazos! », ma¬nifestándose anonadado ante los Padres del Concilio. Y el que así se expresaba, intervino en la comisión presidida por el Cardenal Caterini, la que celebró mayor número de sesiones, desplegando una actividad asombrosa, en la cual tuvo una parte notable; según consta en las noticias que se recibían de Roma en aquellos días, unánimes todas en afirmar que el P. Torres no se daba punto de reposo, siempre encerrado entre libros y trabajando día y noche en su abrumadora y ardua labor. 
Uno de los consultores presentó un documentado discurso que aclaraba muchas dudas; y después de examinado, pareció a todos que podía ya mandarse al Padre Santo. El P. Torres, con su acostumbrada modestia, pero con singular aplomo, indicó unos puntos que debían aclararse más. Los consultores dijeron: «Padre Torres; no sea V. tan escrupuloso.» Nuestro Padre calló mansamente; pero Su Santidad devolvió el trabajo pidiendo aclaración de aquellos mismos puntos, lo que hizo subir la admiración y estima del Padre Torres entre todos los miembros del Concilio. 
«En aquella Roma eclesiástica, donde nada ni nadie llama fácilmente la atención en ciencia y en virtudes, porque allí está el foco de la luz y el hogar doméstico de los santos, escribió más tarde el ilustre Sr. D. Cayetano Fernández, Torres Padilla fue distinguido y estimado de muchos Cardenales y del mismo Santo Pontífice Pió IX, por su saber, laboriosidad y edificante vida» .

[6. Su vuelta al mundo]
[Angelita abandona el noviciado de las Hijas de la Caridad]
La sacrílega invasión de Roma por las tropas piamontesas el 20 de septiembre de 1870, obligó a Su Santidad a suspender el Concilio por su Bula de 20 de octubre del mismo año, y el P. Torres vuelve a Sevilla, en compañía del Cardenal la Lastra  y demás ilustres sevillanos que en él tomaron parte.
Con esta ausencia del P. Torres, motivada por su viaje a Roma con ocasión del Concilio, coincidió la salida de la joven Ángela del Noviciado de Hermanas de la Caridad, y esta circunstancia hacía doblemente dolorosa su situación, por no contar con la luz y fortaleza que siempre hallaba en los consejos de su prudente y santo director.
Sobrepúsose resignadamente a su dolor y volvió a la vida de familia, donde encontró nuevamente el cariño de su madre y hermanos, gozosísimos de que Dios les de-volviera a su amada Angelita. Desviviéronse por cuidarla; y de momento fueron inútiles los desvelos maternales para atajar la persistente enfermedad que de día en día la debilitaba. 
Pero nuestro Señor, que había dispuesto aquella prueba para la mejor realización de sus altos designios, hizo que recobrase la salud sencillamente, sin auxilio de médico, medicinas, ni algún otro recurso humano: Aquellos tenaces vómitos desaparecieron de pronto, rete¬niendo por primera vez su estómago unas friturillas de bacalao envuelto en masa, que aquí llaman «soldados de Pavía» y que a su madre se le ocurrió comprarle en un puesto de masa frita que había por aquel entonces junto a la iglesia de Santa Catalina . 
Desaparecidos los síntomas y al mismo tiempo la enfermedad, llenáronse todos de alegría, y la misma Ángela quedó muy tranquila, viendo en ello una prueba manifiesta de que no era voluntad de Dios su continuación como religiosa entre las Hijas de la Caridad.

[De nuevo en el taller de doña Antonia Maldonado]
Luego que se encontró repuesta volvió a su antiguo taller, donde fue recibida por su maestra y compañeras con evidentes muestras de entusiasmo. Y ordenó su vida a la manera que antes: repartiendo las horas entre el trabajo del taller, la oración y demás ejercicios piadosos, y las obras de caridad y celo. 
Pero nada podía satisfacer su alma, ni distraerla de sus profundos e indefinibles pensamientos. Inmediatamente que tuvo noticia de la llegada a Sevilla del P. Torres, acudió a confesarse con él, siendo esta entrevista para ella, como un claro rayo de sol en día nebuloso. Contóle sus penas y temores, sus inquietudes y sus anhelos; manifestóle sus vivos deseos de aumentar más y más sus penitencias. Y el santo y prudente director que la recibió con su natural amor y dulzura, se llenó de gran consuelo al comprobar que nada había atrasado aquella alma en el bien, sino que andaba muy adelante en los caminos del Señor. 
Dióle alguna libertad en su sed de penitencias, viendo en ello algo extraordinario y sobrenatural; deseos inspirados por el Divino Espíritu, que quería prepararla para elevados designios de su amor.
Mas, de momento, ni el P. Torres, ni la misma Ángela, sabían de modo concreto cuáles eran los amorosos planes de la divina Providencia.

Un tesoro en vasija de barro - 04


AGRADECIMIENTO

“Entonaré un Salmo con el arpa de diez cuerdas” 
(Ps 143,9).

Sor Ángela, agradecida por naturaleza de mujer sencilla, no podía hacer a sus hijas ásperas, sino agradables, gratas, agradecidas siempre. Agradeciendo los bienes proclama el origen de donde proceden. Sólo así se reciben los beneficios como “limosna inmerecida”.

23 Cuántas gracias tenemos que dar a Dios por el inmenso beneficio de habernos hecho cristianas y habernos perdonado el pecado original, y haber-nos infundido las tres virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad.
24  Dios mío, tú me has amado desde toda la eternidad; yo quiero agradecértelo con intensidad.
25 Siempre que por necesidad hacemos uso de algunas de las cosas criadas con tanta misericordia por nuestro buen Dios, debemos darle gracias, alabarlo y bendecirlo, y recurrir a todas las criaturas para que nos ayuden a ser agradecidas por tantos beneficios, pues por nosotros solos no podemos.
26  Cuando está expuesto el Santísimo Sacramento y podemos comunicar con El como hijo con su padre, debemos agradecer a nuestro Señor el haber instituido este adorable Sacramento; ¿porque, quién tiene a su Dios tan cerca como los cristianos? ¡Bendita mil veces sea su infinita bondad!
27 ¡Oh dichoso llamamiento, oh predilección de mi Dios para conmigo!, debe decir mi alma agradecida al ver este beneficio de un Dios para con ella, ¿qué es lo que tú has visto en mí para honrarme con una vocación tan hermosa, donde en un solo ramo puedo reunir todas las clases de flores de las más excelentes virtudes?
28 Sed muy de Dios, recibidlo todo como un beneficio, y por lo tanto hasta lo que nos aflige y humilla con acción de gracias; porque aunque al pronto no veamos más que lo que apena, pero sabemos que todo lo permite Dios porque nos conviene.
29 ¡Ay!, si supiéramos aprovecharnos de tantos medios como el mucho amor que Dios nos tiene nos presenta; si fuéramos agradecidas al tesoro inestimable de tantos beneficios como son las contradicciones y cosas que nos mortifican. Vamos a ser agradecidas a nuestro Dios, que mira y quiere más nuestra propia santificación que nosotros mismos.
30 Recibamos con agradecimiento lo que el Señor nos envíe y aunque la naturaleza llore y se apene, que esté el espíritu tranquilo, resignado y hasta alegre con nuestro buen Dios.
31 Sed muy agradecidas a nuestro Dios, que no quiere otra demostración más que nuestro amor, y mientras más agradecimiento más amor nos pide.
32 Nuestro Señor nos ha concedido un Ángel de Guarda que por nosotros vela, que nos aparta del mal y nos ayuda a inclinarnos al bien. ¡Qué agradecidas debemos ser a este fiel compañero dándole gracias a Dios por este beneficio!
33 Gracias a Dios que somos religiosas y que somos pobres, y que en algo nos podemos igualar con ellos que son las almas más queridas de Dios.
34 Estoy pensando con qué sentimiento nos despediremos del pasado año y saludaremos al 86. Y en seguida se me viene que con agradecimiento por lo pasado, por lo presente y por lo que nos espera en lo venidero. Un santo agradecimiento que nos haga trabajar eficazmente en nuestra santificación; un agradecimiento doloroso que nos haga llorar amargamente nuestras faltas. En fin, agradecimiento amoroso que nos haga entregarnos de corazón con todos sus afectos.
35 ¿Por qué no ser agradecidas a Dios cuando nos hace algún beneficio? ¿Por qué privar a nuestra alma de conocer lo que Dios hace con ella, aunque sea una miserable pecadora, para despertar más y más la gratitud y el deseo de serle fiel? Esto no sólo no se opone a la humildad, sino que es conveniente.
36 Nuestro Señor, para el hombre ha creado plantas, flores, animales, pájaros y peces; unos sirven para recreo, otros para trabajar y otros para sustento. Si con agradecimiento se hace buen uso de estos beneficios nos sirven para bien; si por el contrario abusamos y no lo enderezamos al único fin para que han sido creados, nos perjudicamos en el espíritu.
37 Son tantos los beneficios que diariamente recibimos de la mano amorosa de nuestro Dios y Señor, que toda nuestra correspondencia, así fuera angélica, no sería suficiente a pagar.
38 Tus misericordias, Señor, me agobian; porque no sé cómo pagarte tanto bien como me haces.
39 A la señora le dan las gracias, que estoy muy agradecida y le mando esa estampa que, aunque muy pobre, expresa mi agradecimiento, porque al mirarla se comprenda el grande amor que nos tiene nuestro Señor.
40 Todo lo merezco y en todo veo tu amor para con mi pobre alma; así es que quiero ser muy agradecida. Y como nada soy, no encuentro otra cosa para probarte mi agradecimiento que aceptar todo lo que tú me envíes, así sean los mayores trabajos, penas y contradicciones.
41 Sed muy agradecidas a Dios que tanto nos favorece, y a las personas que son los instrumentos de que Dios se vale y que tanto se interesan por la Institución. Aunque yo no conozco a esa familia de trato, pero les estoy muy agradecida.
42 Estoy muy agradecida a las cariñosas felicitaciones de las Hermanas, pero mucho más a las comuniones y oraciones ofrecidas por mí con tanto fervor. Dios se lo pague a todas, y haga que yo me aproveche de todas las gracias y beneficios que me ha concedido en el transcurso de mi vida, y me conceda también la gracia de hacer siempre y en todo su santísima voluntad.


30 jul. 2015

Revista Hermanas de la Cruz Nº 15


Ya se encuentra online la última revista de las Hermanas de la Cruz, número 15, que cubre los meses de julio a septiembre de 2015.

Resaltamos las páginas infantiles, en la página 14.

¡Feliz lectura durante estos meses de verano!

A continuación, el sumario:

SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ

1.  Editorial........................................(Página 4)
- Sé de Quién me he fiado
2.  El Magisterio de Sor Ángela (XXIX)...............(Página 7)
-"Buscar y hacer en todo la voluntad de Dios"
3.  Me gusta contarte cosas..........................(Página 9) 
- Desde el suelo mirando al cielo
4.  Hablemos de ello ............................... (Página 12)
- "Huellas imborrables"
5.  Páginas infantiles.............................. (Página 14)
- Tiempo de vacaciones.
-Aprendamos con Santa Ángela
-Comuniones en nuestro colegio "Ángela Guerrero"
-El sol se escondía burlón, la tarde llamaba a su fin



BEATA MARÍA DE LA PURÍSIMA
1.  Espiritualidad de Madre María de la Purísima.... (Página 28)
- ¿Quiénes son los Santos?
- Madre Fe; Madre Esperanza; Madre Caridad: 
  Madre Purísima
-Del mismo barro y del mismo molde 
2.  Sus escritos "Destellos de Luz"................. (Página 36)
- Unión con Dios
3.  Testimonios..................................... (Página 40)
- Santa María de la Purísima de la Cruz
- Gracias Madre María de la Purísima
- Yo la conocí. A la Madre María de la Purísima
4.  Gran intercesora ante el Señor.................. (Página 46)
5.  Programa para la Canonizáción de Madre María
    de la Purísima ................................. (Página 47)



10 jul. 2015

Noticia falsa

Con motivo de la canonización de Madre María de la Purísima, el próximo 18 de octubre, ha comenzado a circular por las redes sociales la siguiente noticia, COMPLETAMENTE FALSA:



En ella se lee literalmente:
"La superiora del Convento de las Hermanas de la Cruz, nos comunica su preocupación por el coste que supone la Canonización de Madre Purísima. Para recaudar, se han puesto a la venta unas mochilas conmemorativas, con un libro sobre su vida y otros recuerdos. El precio es de 13€. Si estáis interesados en ayudarles, solicitadlo en el convento (solo allí). Os agradecería le dierais publicidad a este mensaje, para hacerlo llegar a muchas personas...y poder recaudar para la Canonización. La recaudación es para la organización del acto. Gracias. Horario del Convento..."

Al habla con las Hermanas de la Cruz de Sevilla, DESMIENTEN CATEGÓRICAMENTE LA NOTICIA. Me comunican que incluso se ha mandado una nota a un periódico local al respecto.

Por tanto, vuelve a tratarse de un BULO, una NOTICIA FALSA, y un acto que, buscando la buena voluntad de las personas, solo pretende molestar, hacer perder el tiempo, y poner en boca de las Hermanas cosas que no han dicho ni podrán decir nunca.


La renuncia "al propio yo" de las Hermanas de la Cruz y la admirable fidelidad a su carisma fundacional, impiden que noticias como estas sean ciertas.


Ellas jamás realizarán ninguna publicidad de su apostolado ni de sus necesidades.




BOSQUEJO BIOGRÁFICO DE SOR ÁNGELA - CAPÍTULO 03

CAPITULO III 

[1]. Quién era el Padre Torres.- [2]. Datos biográficos del mismo, hasta la época en que hacemos su presentación. 



[1. Quién era el Padre Torres]

En el momento histórico de nuestro relato, era el Padre Torres un varón eminentísimo en ciencia y en santidad que, no obstante el agobio de penosa enfermedad crónica que padecía, trabajaba con celo infatigable por la gloria de Dios y la salvación de las almas; iluminando inteligencias y moldeando corazones con su vasta y erudita sabiduría, con sus prudentes y sabios consejos y sobre todo, con el ejemplo de sus virtudes, verdaderamente heroicas.

Su fama como director de almas santas fue tal que le llamaban «el Santero», porque parecía hacer extensiva su santidad a cuantos se confiaban a su dirección; obteniendo modelos de cristianas virtudes en los diversos estados y géneros de vida que con su influencia encauzara.

Mas, como la obra cumbre del Padre Torres fue, por permisión divina, la dirección del alma de Sor Ángela y conjuntamente, la fundación del Instituto que Nuestro Señor a ella inspirara, nos parece de este lugar hacer una ligera reseña biográfica de los años anteriores de su vida, para después presentarlo unido, primero a la Fundadora y luego a toda la Compañía de Hermanas de la Cruz.

[Infancia y juventud]

Nació en la villa de San Sebastián de la Gomera (isla del mismo nombre), en Canarias, el día 25 de Agosto de 1811; y fue bautizado en la Parroquia de la Asunción de la expresada villa, el 31 del mismo mes y año, recibiendo el nombre de José Francisco, Luis de los Dolores.

Sus padres, Francisco de Torres Bauta y María Padilla Cabeza, lo mismo que sus abuelos, eran naturales del archipiélago canario; el padre y abuela paterna, de Guía, en Tenerife, y el abuelo, de Adexe, en la misma isla; la línea materna, toda procedente de la isla de Gomera. A su nacimiento habían fallecido todos los abuelos, excepción hecha del materno D. José Padilla, Ayudante retirado que residía en la isla de Hierro.

Administróle el santo Bautismo el presbítero D. José Álvarez Mora, Juez Apostólico, comisario del Tribunal de la Santa Cruzada. Fue su padrino Don Antonio de Armas Manrique, vecino de Vallehermoso; y testigos, entre otros, D. José María Ferrer y el Rvdo. P, Guardián Fray José Cabeza[1].

Sus primeros años los pasó en unión de sus buenos padres y hermanos, (dos varones y una hembra), dando muestras desde que empezó a alborear en él la razón, de lo que un día llegaría a ser, por su claro talento y su amor a la piedad.

Llevábalo su padre con frecuencia a una pequeña hacienda de su propiedad, en cuya labranza él mismo se ejercitaba; y, notando el niño que su padre marcaba con tres cruces los sembrados, preguntóle la causa, averiguando por este medio, que distribuía en tres partes iguales los productos de sus siembras; una parte al culto divino, otra dedicada a las limosnas para los pobres, y la tercera para el sostenimiento de su familia. Esta gráfica lección de padre tan cristiano, se grabó de tal manera en su corazón que influyó decisivamente en su vida futura.

De su madre conservaba tiernos recuerdos mezclados con los albores de su vocación:

«Mi madre –decía-, era una santa, y todo su empeño, que lo fuésemos también sus hijos. Aunque a todos quería mucho, tenía predilección por mí y me comía a besos cuando decían que yo era el más feo de mis hermanos, diciendo que la gente no veía, al decir esas cosas. [Pobrecillal Yo le pagaba no separándome de su lado ni para jugar con los otros niños. Un día me preguntó a qué carrera quería dedicarme, o qué oficio me gustaría aprender, y yo sin saber explicarme ni casi hablar contesté: Yo, el oficio de los que no se condenan. Callaron mis padres ante esa contestación y yo insistí: «Mamá ¿los sacerdotes se condenan? No hijo mío –repuso-, los verdaderos sacerdotes son santos y no se condenan. Pues,  entonces yo quiero ser sacerdote».

Desde entonces su madre le puso en una habitación un altarito y todo su gusto era oficiar en él; pero habiéndole dicho que para ser sacerdote había que estudiar mucho, se encendió su deseo de aprender para llegar a serlo de verdad. Pusiéronlo en un colegio donde aprendió las primeras letras dando muestras de un despejado ingenio, feliz memoria y gran amor al estudio.

[Un hecho prodigioso]

Allí le ocurrió un hecho extraordinario, que si no constituyó un verdadero milagro, revela al menos una especialísima providencia de Dios sobre él[2]. Teniendo unos cinco o seis años se cayó en un pozo muy profundo que había en el corral de la escuela; no tenía brocal y estaba al paso para ir a los excusados. Los chicos mayores tenían la costumbre de pasar dando un salto por encima, (sin necesidad de ello, por quedar espacio más que suficiente para pasar por el lado); él quiso imitar la travesura, y como no tenía la fuerza ni agilidad necesaria por ser tan chico, cayó en el pozo sin que nadie lo viera y se sumergió hasta clavar la cabeza en el fondo cenagoso, tragando bastante agua y cieno, de lo cual juzgaba haber comenzado su padecimiento del estómago. El no se dio cuenta cómo salió a flor del agua y pudo subir agarrándose a las paredes del pozo, a tiempo que el maestro habiéndolo echado de menos salió al corral y le ayudó a salir.

De este hecho tuvieron noticia sus hijas las Hermanas de la Cruz, e importunándole con preguntas, obtuvieron nuevos detalles; repitióles lo ya dicho, pero agregando que fue el demonio quien lo tiró al pozo: que no tuvo miedo alguno, que salió subiendo por las piedras en silencio, porque no podía llamar, y que una vez fuera le tiró otra vez Satanás. Esta segunda vez, fue cuando no se dio cuenta de cómo pudo salir a flor de agua, teniendo la cabeza clavada en el cieno; y cuando al salir el maestro a buscarlo, le ayudó a salir, sólo con darle la mano; llamando inmediatamente a su madre para que se lo llevara y vistiese, porque, como es natural, estaba todo mojado y con la ropa chorreando. Singular suceso, que evidencia a un tiempo mismo la particular protección que le dispensaba el cielo y la implacable rabia que le tenía Satanás.

En la escuela le llamaban «el niño santo», por su humildad, dulzura y paciencia. Y sus adelantos en los estudios eran la admiración de todos, empezando con mucho aplauso sus lecciones de latín.



[2. Datos biográficos del mismo, hasta la época en que hacemos su presentación]


[Un pobre joven que se había empeñado en estudiar sin poder»]
Por este tiempo cayó gravemente enfermo el padre, impresionando de tal modo la pena a su esposa, que ambos murieron en el mismo día, dejando a los cuatro niños en triste y doble orfandad. Dolorosísima fue esta prueba al sensible corazón del pobre niño, pero resignado en las manos de Dios, rezó mucho por sus al­mas y confió en su Padre Celestial.

Una parienta acogió a los huérfanos; mas nuestro niño, por interior impulso de vivir oculto y desconocido, abandona casa y familia y huye a la ciudad de La Laguna[3] para continuar allí sus estudios, teniendo que implorar algunos días la caridad pública para poder sustentarse..

El prelado de aquella Diócesis lo encontró en uno de sus paseos, y llamándole la atención su aspecto recogido y triste, preguntó a su paje si lo conocía; y al explicarle éste «que era un pobre joven que se había empeñado en estudiar sin poder», manda detener el coche; lo llama, le habla, y admirado de su edificante porte y respuestas le ordena ir a su palacio a comer, donde quedó aún más edificado y sorprendido. Los compañeros le llamaban por aquel tiempo, «el abuelo» y «el viejo» porque no alzaba la mirada, ni se apartaba un punto de sus oraciones y estudios.

Según consta de una interesante nota manuscrita de su puño y letra[4], encontrada entre sus libros, aprendió el latín privadamente, aprobándolo en la Universidad de La Laguna en 1829; matriculóse en Humanidades, que aprobó en Julio de 1830, y luego en el primer año de Filosofía; pero, habiendo sido clausurada aquella Universidad, estudió privadamente por dos años Lógica y Matemáticas. Y habiéndose nombrado un tribunal examinador compuesto de profesores de aquella extinguida Universidad, presentóse a examen, obteniendo la aprobación en Marzo de 1833.

En vista de las dificultades para seguir los estudios y movido por interno impulso, embarcóse en Santa Cruz de Tenerife el día 3 de septiembre del mismo año, con dirección a Se villa, arribando a Cádiz el día 24; pero a causa de los estragos que hacia el cólera morbo, siguió el viaje hasta Valencia, donde desembarcó el 1 de noviembre. Matriculóse en aquella Universidad, como pobre, en el segundo año de Filosofía, que aprobó en mayo de 1834. Y habiendo cesado el rigor de la epidemia en Andalucía, embarcó para Sevilla, adonde llegó después de penosa navegación que le puso a punto de naufragar frente a las costas de Málaga.

Ya en Sevilla, presentó las cartas de recomendación que traía, al Catedrático D. Manuel María del Mármol, hospedándose en el convento de Religiosos Terceros de Nuestra Señora de Consolación; y a los pocos días fue admitido en calidad de paje, por su paisano el Emmo. Sr. Arzobispo de Heráclea D. Cristóbal Bencomo, confesor que fue del rey D. Fernando VII y a la sazón canónigo y dignidad de Arcediano de Carmona, en el Cabildo Metropolitano.

Con tan poderoso auxilio se matriculó en el tercer año de Filosofía, aprobándolo en junio de 1835, y favorecido por el Sr. Bencomo, con uno de los patrimonios eclesiásticos por él fundados para sustento de los jóvenes aspirantes al sacerdocio, pudo cumplir sus deseos de seguir tan sublime estado, confirmado con la particular providencia de Dios, que no le dejó duda de ser divino su llamamiento.

No vacilando ya acerca de la voluntad del Señor, solicitó dimisorias del Exmo. Sr. Cardenal D. Francisco Cienfuegos y Jovellanos, que ya tenía noticias de su mu­cha virtud y saber. En las témporas de S. Mateo, fue  examinado y aprobado en la Sala Sinodal. Y no pudiendo celebrar las Ordenes, el Sr. Cienfuegos, por las turbulencias políticas de aquellos días, le concedió dimisorias para el Obispo de Cádiz, Ilmo. Sr. Dr. Fray Domingo de Silos Moreno, que le confirió las cuatro Ordenes menores y el subdiaconado el 19 de septiembre del mismo año, en la capilla del Sagrario de aquella Santa Iglesia Catedral. En diciembre del mismo año recibió del Sr. Cienfuegos la ordenación de diácono.

Para las témporas de febrero de 1836 solicitó ser ordenado de Presbítero[5], no pudiendo diferirlo, según contaba el mismo Padre Torres, porque se temía que el Gobierno mandara suspender las Ordenes y que el Sr, Cardenal falleciese o fuese desterrado; como en efecto sucedió pocos días después, en que lo condujeron a Alicante.



[Su primera Misa]

Aprobado en sus exámenes y después de meditarlo en fervorosos Ejercicios espirituales, recibió la investidura sacerdotal el 27 de febrero de 1836, celebrando su primera Santa Misa con gran fervor y consuelo de su alma, el 8 de marzo del mismo año, fiesta de San Juan de Dios y primer día de la octava de Santo Tomás de Aquino, de los que fue como un traslado nuestro santo sacerdote, por su encendida caridad y por su extraordinaria ciencia.

Su primer cuidado fue ampliar los estudios, merced al beneficio de que disfrutaba, especialmente los de Teología, matriculándose en octubre del mismo año 36, en la clase de «Lugares Teológicos» que con admirable dominio desempeñaba el Dr. D. José María Soto. Y entre los varios actos con que se reveló el aprovechado discípulo, descolló una disertación latina de una hora sobre la «Infalibilidad del Romano Pontífice», que fue premiada por el profesor con la mejor nota al tiempo de los exámenes. Así lo declara en sus apuntes íntimos, si bien agregando estas palabras su profunda humildad: «Obtuve la nota de sobresaliente, más bien quizá por el favor que me dispensaron los catedráticos, que por mi saber».

[Catedrático de Teología en el Seminario]

Concluido el séptimo año de Teología, que aprobó en junio de 1842, también con nota de sobresaliente, hizo un viaje a Granada por huir del bullicio de la Universidad, que no se acomodaba a su espíritu; pero Nuestro Señor se complacía en darlo a conocer, tanto como él se empeñaba en ocultarse.

El 19 de octubre del mismo año fue nombrado Catedrático en propiedad, de Sagrada Teología del Seminario Conciliar, fundado en Sanlúcar de Barrameda[6], bajo la advocación de San Francisco Javier, con bienes del piadoso sevillano D. Francisco de P. Rodríguez. Expidióle el título el Gobernador eclesiástico a nombre del Eminentísimo Sr. Cardenal Arzobispo[7], que continuaba en el destierro, donde falleció; y el 4 de noviembre tomó posesión del cargo, dotado con cuatrocientos ducados anuales, el cual desempeñó varios años.

Desde que siendo pequeño oyó decir a su piadosa madre que para ser sacerdote tenía que estudiar mucho y conocer en la oración si se hallaba con fuerzas para imitar la vida de Nuestro Señor Jesucristo, fundador de este estado celestial; debiendo estar dispuesto a seguirle en la pobreza, persecuciones, afrentas, pasión y crucifixión, se grabaron con tal fuerza en su alma estas lecciones, que se dedicó al estudio con un ardor y atención excepcionales, adquiriendo una cultura vastísima, no solo en las ciencias teológicas, de que más adelante diera notables pruebas en Roma, sino en casi todas las disciplimas del humano saber; de tal manera, que hombre de tanta erudición como su amigo el Sr. D. Cayetano Fernández, decía que nunca acudía a él en vano por datos que le fueran precisos; encontrándolo siempre como un libro registrado y abierto por la página que le hacía falta. Y con respecto a la oración, esta era el descanso de sus estudios; resultando de ese ejercicio, el ser su vida una viva copia de todas las virtudes de su Divino Modelo.

Vuelto a Sevilla fijó su residencia en la calle Hiniesta, celebrando diariamente la Santa Misa en el convento de religiosas de Santa Paula[8], y no obstante su deseo de vivir oscurecido, su talento y santidad de vida lo daban a conocer como varón evangélico, manifestándose a sus numerosos dirigidos como un hombre de constante oración, mortificación y unión con Dios. Penetrado de su nada y de que en el aborrecimiento y renuncia del yo estaba el adelanto de las almas; tan amable con todos como intransigente consigo mismo, más de una vez le oyeron exclamar ante el Sagrario, creyéndose solo: «Señor: aquí está este jumento; este miserable pecador», y permanecía largo rato anonadado ante la presencia de su Dios.

 [Mortificado y penitente]

«Todo se aprende -era una de sus máximas frecuentes- en la oración y mortificación». De esta su mortificación diremos, que dominaba su fuerte natural con austeras privaciones, cilicios y disciplinas[9]; su alimento se reducía a unas delgadas tostaditas con una pequeña taza de té por la mañana y unas cucharadas de arroz cocido en agua por la noche; el puchero no se ponía en su casa más que por prescripción facultativa, y para eso el caldo había de ser de vegetales. Su cama se componía de un pobre jergón sobre unos banquillos, pero las tres horas que ordinariamente dedicaba al sueño, pasábalas la mayoría de las veces sobre un viejo sofá de tablas que tenía en su habitación.

Sus muebles, cuando después vivió en la calle de la Bolsa, se reducían a seis sillas para sus visitantes, y para él una mesa y una silla rota, que cambió por un usado sillón su amigo don Isidro Ortiz Urruela; mesa y sillón que como reliquias se conservan en nuestra Casa Matriz de Hermanas de la Cruz.

Su caridad fue inagotable: daba a los pobres cuanto tenía, y cuando agotaba sus recursos pedía a los demás para darles. Una sola sotana remendada tenía las más de las veces, y ocasión hubo en que se despojó en obsequio de los pobres de su pobrísima ropa interior.

 [Profesor en el Seminario]

El Prelado de la diócesis, deseando encomendar las enseñanzas del Seminario Hispalense -que tras penosas gestiones y porfiada lucha sostenida en aquel agitado período político, que tantas amarguras hizo devorar al Ilustre Arzobispo Cienfuegos[10], se había establecido en la capital, en octubre de 1848- a profesores distinguidos en ciencia y virtudes, nombróle el 15 de septiembre de 1857 Catedrático de Patrología[11], Disciplina e Historia eclesiásticas, cuyas asignaturas explicó hasta su muerte con universal aplauso, conquistándose el afecto y admiración de sus numerosos discípulos.

Desde marzo de 1861 era confesor ordinario de las Hermanas de la Caridad del Hospicio, y extraordinario de las del Hospital Central. Y en 1862 dirigió a la Comunidad de las primeras un sermón, que más fue canto a la caridad de Dios, conmoviendo ex­traordinariamente al auditorio por la exaltación y since­ridad de sus encendidos acentos.

Hacia esta época debió conocer a la humilde obrerita aparadora, que Dios tenía elegida por instrumento para altos fines de su providencia amorosa, y desde entonces Nuestro Señor asocia sus almas, fijando a cada una su propio campo de acción en la realización de los divinos planes. Esto se deduce de las siguientes palabras escritas por Sor Ángela en uno de sus minúsculos cuadernitos inéditos:

«Empecé a confesar con nuestro P. Torres cuando tenía de diez y seis a diez y ocho años», pero tiene tachadas las palabras «a diez y ocho» y repite a continuación, «eran diez y seis»[12].

Y como ella nació en 1846; de aquí el que debieron conocerse en el año 62. Desde esta época hasta la fundación del Instituto restan trece años, durante los cuales el Padre dirigió aquella grande alma, preparándola, disponiéndola, y haciéndola apta para que por su medio se realizaran los altos designios de Dios.


NOTAS:
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[1] En el archivo de la Casa Madre del Instituto se conserva la siguiente partida de bautismo:
«D. Tomás Fernández Hurtado de Mendoza, Benef.do entero propio curato Rector de la Igla. Parroquial Matriz de N. S. de la Asunción de la Villa Capital de la Isla de S. Sebastián de la Gomera, Pro.a de Canarias, certifico y hago fe a todos los que la presente vieren, cómo en el libro séptimo de los bautismos que se hacen en dicha Parroq.a, y se conserva en su Archivo, al folio ciento dos vuelto se halla la del tenor siguiente.—En la Iglesia Parroq.l Matriz de Nra. Sra. de la Asunción de esta Villa e Isla de S. Sebastián de la Gomera a treinta y uno de Agosto de mil ochocientos y once: Yo, D. José Alvarez Mora, Juez App.co Comisario del Tribunal de la Sta. Cruzada y Benef.do Ser.dor de dicha Parroquia, bauticé solemnemente y ungí con el Santo Oleo y Crisma a un niño que dicen nació el día veinte y cinco de dicho mes, al cual puse el nombre cíe José Fran.co Luis de los Dolores, hijo legítimo de Fran.co cíe Torres Bauta, y de María Padilla Cabeza, aquel natural del Lugar de Guía en la Isla de Tenerife, y ésta de esta Villa, en donde son vecinos: Abuelos Paternos, Andrés de Torres, difunto, natural ele la Villa de Adexe en dicha Isla de Tenerife, y Ana de Bauta, difunta, natural del expresado Lugar de Guía: Maternos el Ayudante retirado D. José Padilla, natural de esta Villa y vecino de la Isla del Hierro, y María de las Mercedes Cabeza y Padrón, difunta, natural de esta referida Villa: Fue su Padrino D. Antonio de Armas Manrique, vecino de Valleher-moso, a quien advertí el parentesco espiritual y su obligación: Testigos, D. José María Ferrer Presbítero, el R. P. Guardián Fr. José Cabeza y otros. En fe de verdad lo firmé.—José Alvarez Mora.—Conviene con su original al que me remito y a solicitud de parte interesada doy la presente en la expresada Villa a veinte y cinco de Mayo de mil ochocientos treinta y cinco.—Tomás Fernández Hurtado de Mendoza.»

[2]Un documento que se conserva en el archivo de la Casa Madre del Instituto dice: «Para que la muerte no sepulte conmigo unos hechos que conviene o convendrá acreditar en su día, declaro bajo mi firma y poniendo a Dios por testigo de la verdad: Que cuando yo, recién ordenado de presbítero, tuve la dicha de vivir como cosa de un año en esta ciudad, en compañía del ejemplarísimo sacerdote señor don José de Torres Padilla, en la plaza de los Solares (hoy Almirante Espinosa), n.4 (hoy 7), observé en el trato íntimo y familiar que tuve en este tiempo con él la vida de un varón de Dios [...]. Uno de los hechos más portentosos de su vida, que me refirió en cierta ocasión, revela, si no un milagro, a lo menos una especialísima providencia de Dios sobre él. Teniendo unos cinco o seis años se cayó en un pozo muy profundo que había en la escuela donde aprendió las primeras letras; en un corral grande de la casa estaba este pozo sin brocal y era paso para ir a los excusados; los chicos mayores tenían la costumbre de pasar dando un salto por encima, sin necesidad, por haber sitio suficiente para pasar sin esto, y él quiso imitar esta travesura, o, hallándose solo en aquel sitio y como no tenía aún agilidad y fuerza para ello, por ser tan chico, cayó en el pozo sin que nadie lo viera y se sumergió hasta clavar la cabeza en el fondo cenagoso del mismo y tragó bastante agua y cieno, de lo que juzgaba que comenzó su padecimiento del estómago. El no se daba cuenta cómo salió a flor de agua y pudo subir agarrándose a las paredes del pozo, a tiempo que el maestro, habiéndolo echado de menos, salió al corral y lo ayudo a salir.— Sevilla 16 de julio de 1892.—José Mª de León (presbítero)».

[3] Algún tiempo después salió fugitivo de la casa de una parienta que le había recogido con sus hermanos, y los trataba  con mucho cariño y comodidades. Llegó a la Laguna de Tenerife y allí mendigaba para continuar sus estudios, y en ellos y en la oración gastaba el día y una parte de la noche», UNA RELIGIOSA, Sor Barbara de Santo Domingo… (Salamanca 1922) p.47-48.

[4] En el Archivo de la Casa Madre del Instituto se conservan cuatro folios autógrafos del P. Torres Padilla con el título de «Apuntaciones sobre mi carrera literaria y eclesiástica» donde anota brevemente el curso de sus estudios eclesiásticos. En estas notas refiere: «En la ciudad de La Laguna de Tenerife estudié el idioma latino privadamente en el tiempo de dos años, poco más o menos. En el año de 1829, habiendo sido examinado y aprobado en el idioma latino en el claustro de la Universidad de San Fernando de La Laguna, fui matriculado en la misma en la clase de humanidades en 18 de octubre de 1829, hasta 18 de junio de 1830, en cuya enseñanza estudié poetas latinos, retórica y poética, de lo que fui examinado y aprobado en dicho día 18 de junio por los tres señores catedráticos examinadores», Escritos íntimos, p. 20 nota 17.

[5] «Para las próximas témporas de febrero de 1836, solicité del mismo señor (cardenal Cienfuegos) el sagrado presbiterado, no pudiendo diferirlo más tiempo con motivo de que se temía que el gobierno mandase suspender las órdenes de presbiterado y que el señor cardenal fallecería o saldría desterrado (como, efectivamente, salió pocos días después de la ordenación); y después de examinado, aprobado y ejercitado cspi-ritualmente, recibí dicho sagrado orden del presbiterado en 27 de febrero de 1836, y empecé a celebrar el santo sacrificio el 8 de marzo siguiente», J. torres padilla, Apuntaciones sobre mi carrera literaria y eclesiástica [inédito], Archivo de la Casa Madre de las HH. de la Cruz, Sevilla.

[6] «En 19 de octubre de este año fui nombrado por el señor Gobernador Eclesiástico del Arzobispado, a nombre del señor Cardenal Arzobispo de Sevilla, Catedrático propietario de Sagrada Teología del Seminario Conciliar de San Francisco Javier de Sanlúcar de Barrameda, y pasé a dicha ciudad a desempeñar este cargo el 4 de noviembre de 1842, con la dotación de cuatrocientos ducados anuales», J. torres padilla, Apuntaciones sobre Mi carrera literaria y eclesiástica [inédito], Archivo de la Casa Madre de las HH. de la Cruz, Sevilla.

[7] D. Francisco Cienfuegos y Jovellanos. Véase la nota 4 .

[8] «El Monasterio de Santa Paula de Sevilla navega, como un gran vergel cargado de cinco siglos de arte y de historia. Graganza y Aragón se unieron para levantar la iglesia del cenobio, que fundó doña Ana Fernandez de Santillán. Montañés y Alonso Cano cincelaron después sus imágenes, con Felipe de Rivas. Extraordfinarios maestros de lo blanco dispusieron lor artesonados en el XV y en el XVII. Columnitas de mármol, de puro estilo nazarita, y blancas columnatas del más fuerte acento, compitieron para ornamentar sus claustros (el mudéjar y el renacentista) con frisos de cerámica de desbordante dibujo y colorido. Cervantes situó frente a sus puertas a la española inglesa de sus novelas ejemplares e hizo mención de alguna de las cantoras del convento “extremada en la voz”. Grandes Prelados y varones de Dios se acercaron a sus rejas; predicó ante ellas, sin duda, el beato fray Diego de Cádiz; también San Antonio María Claret. Su prebisterio vio arrobado largamente, en un día de júbilo, al cardenal Spínola. En esta iglesia, celebraba diariamente la santa Misa el padre Torres Padilla; en su incómodo confesonario, que aún se conserva, comenzó a forjarse humildemente la futura fundadora de las Hermanas de la Cruz, hasta que el padre Torres, en 1868 se trasladó a Santa Inés. El 2 de agosto de 1875 acudieron a Santa Paula Sor Ángela y sus tres compañeras para la inauguración oficial de la Compañía de Hermanas de la Cruz. Un nuevo instituto, con el heroísmo como regla de la vida diaria, nacía junto al sagrario de Santa Paula, Por la tarde, en el Compás, no lejos de su artística portada, les predicó el padre, animándolas a conservar las primicias del espíritu». Cf. Escrito íntimos, p. 209 nota 37; Introducción biográfic, a capítulo III, p.21 y capítulo XX  nota 6 de la p.130.

[9] Madre hace alusión a la austeridad del Padre Torres en una carta: circular «[…] era tan mortificado que, a fuerza de privaciones, había dominado tanto su naturaleza, que algunas veces parecía estaba muerta por la insensibilidad que demostraba a todo lo que podía halagarla. Y donde demostraba más su espíritu de mortificación, siendo extraordinario y se puede decir más que extraordinario, era en los alimentos. De todo se privaba, no por la enfermedad sino por la mortificación», Cartas circulares, p.46 .

[10] D. Francisco Cienfuegos y Jovellanos. Véase la nota 4 de este volúmen.

[11] El nombramiento para dicha cátedra se conserva en  ACMI,  y dice: «Nos el DOCTOR DON LUIS LÓPEZ VlGIL, DIGNIDAD DE MAESTRESCUELA DE LA SANTA METROPOLITANA Y PATRIARCAL IGLESIA DE SEVILLA, GOBERNADOR, PROVISOR Y VICARIO GENERAL POR EL ilmo. cabildo de la misma sede vacante.—Por cuanto nos consta de la instrucción, idoneidad y prudencia del Pbro. Don José de Torres Padilla, y que desempeñará bien y fielmente cuanto por Nos le fuere encomendado: por las presentes le elegimos y nombramos Catedrático en propiedad de Historia y disciplina Ecca. y Patrología del Seminario Conciliar de San Isidoro y San Francisco Javier de esta ciudad. Y le encargamos ejerza dicho empleo procurando el adelantamiento de todos los discípulos que a su clase asistiesen, arreglándose al método de estudios que rigiese en dicho Seminario. Y mandamos al Rector, Catedráticos y demás personas sujetas a nuestra jurisdicción que le tengan por tal Catedrático y le acudan con la renta y asistencia que a los de su clase se acostumbra, guardándole las preeminencias y prerrogativas que como a tal Catedrático le corresponden.—Dado en el Palacio Arzobispal de Sevilla a quince de Septiembre de mil ochocientos cincuenta y siete.—F. Dr. Luis Lopez Vigil», Escritosíntimos , p. 20ss., nota21.

[12] Escritos íntimos, p.589.